Seis sitios pertenecen al Patrimonio de la Humanidad Autor: Lic. Tzila Chelminsky
La UNESCO (Organización Educacional y Científica de las Naciones Unidas) fue creada en 1976 con la idea de preservar en el mundo tanto instituciones y monumentos históricos o culturales, como sitios naturales que pueden tener valor universal. Israel se integró a la organización en el año 1999.
En junio de 2010, 187 países ratificaron la Convención de Herencia Universal, y hasta el día de hoy 911 lugares han sido considerados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. De ellos 704 poseen valor cultural excepcional, 180 son sitios naturales especiales y 27 comparten ambas características.
La relación de Israel con la UNESCO ha tenido sus altibajos, debido a que esta Organización, al igual que muchas otras de las Naciones Unidas, tienen una mayoría musulmana y en su Consejo de 21 miembros participan países como Egipto, el Líbano, Libia, Omán, Jordania e inclusive Arabia Saudita.
No vimos que la UNESCO protestase cuando el Wakf (la máxima autoridad religiosa musulmana) excavaba con bulldozers en el Monte del Templo en Jerusalén sin ninguna supervisión arqueológica internacional. Ese silencio de la UNESCO contrastó marcadamente con sus protestas cuando Israel llevó a cabo abiertas y ampliamente supervisadas excavaciones fuera del Monte del Templo, área que hoy en día se ha transformado en un bello jardín arqueológico.
A pesar de ello, seis sitios en Israel han sido reconocidos como pertenecientes al Patrimonio Universal: Masada, Aco (por sus enormes salones cruzados), Tel Aviv, los “Tel” bíblicos de Meguido, Jatzor y Beer-Sheva; la ruta del incienso en las ciudades del desierto del Neguev, y los lugares sagrados del Bahai en Haifa y la Galilea Occidental.
Solamente ocho ciudades en el mundo han llenado los requisitos para ser nombradas Patrimonio Universal. Tel Aviv, “la ciudad blanca”, fue considerada por sus históricas construcciones urbanas en el estilo internacional del Bauhaus. Tel-Aviv, en la cual están concentradas la vida económica y literaria del país, está llena de fermento creativo, pero es frecuentemente criticada por sus propios residentes. La mayoría se asombraría, inclusive, al saber que vive y trabaja en la que ya es reconocida internacionalmente como una gema cultural. En una tierra tan antigua como la nuestra, donde cada día se encuentran nuevas áreas arqueológicas importantes, no se aprecia suficientemente la contribución que una ciudad moderna puede dar a la cultura universal.
Pero el actual enfrentamiento de Israel con la UNESCO gira en torno al hecho de que inclusive democracias occidentales autorizaron que la Tumba de Rajel en Bethlehem y la Cueva de los Patriarcas en Hebrón fuesen removidas del inventario de legado judío. UNESCO las ha redefinido como mezquitas, como si hubiesen sido sitios musulmanes desde la antigüedad.
De este modo, los cristianos que votaron para redifinir a la Cueva de los Patriarcas como la Mezquita de Ibrahimi y la Tumba de Rajel como la Mezquita de Bilal Ibn-Rabah traicionaron su propia tradición, porque la narrativa cristiana no puede separarse de la historia judía. Los cultos diplomáticos votaron de ese modo “porque los dos sitios son parte integral de los territories ocupados”. Esta cita es tan ofensiva a la creencia judía que raya en simple antisemitismo, y al negar la esencia judía de nuestros antepasados han demostrado su completa ignorancia histórica.
La tumba de Rajel nunca fue mezquita
Recordemos un poco los hechos: A diferencia del Templo del Monte y la Cueva de los Patriarcas, que fueron también mezquitas, la Tumba de Rajel nunca lo fue.
Existe una copiosa literatura de peregrinos judíos, cristianos y musulmanes que identifican el lugar preciso del sepulcro de Rajel. El libro de Génesis Cap 35, 19-20 dice: “y Rajel murió, y fue enterrada en el camino de Efrata, que es Bethlehem. Y Iaacov colocó una piedra sobre su tumba. Ese es el pilar de la tumba de Rajel hasta este día”. En la tradición judía, tanto poetas como autores y comentaristas bíblicos han sostenido que Rajel derrama lágrimas ante cada desastre ocurrido al pueblo judío.
Por siglos, la Tumba de Rajel fue considerada como un lugar sagrado judío, y aún un historiador árabe del siglo XVI así lo describió. Desde principio de 1841, las llaves del lugar fueron custodiadas por guardianes judíos, que las mantuvieron hasta que el lugar cayó en posesión de Jordania en 1948. En contraposición con lo estipulado en el convenio de armisticio, los jordanos impidieron a los judíos el acceso al lugar desde el año 1948 hasta 1967.
Algunos testimonios relatan que para impedir daños a la Tumba de Rajel se les pagaba una suma a los beduinos de la tribu Taamra que vivían en el área, y que ya habían empezado a enterrar sus muertos cerca de la tumba en los siglos XVIII y XIX. En la tradición popular musulmana “mientras más cerca a la tumba de un santo se entierra una persona, mayor será su recompensa en el mudo venidero”. Ya desde 1827, los turcos aprobaron un documento que dio fuerza legal al reconocimiento de la Tumba de Rajel como lugar sagrado judío. Y en agosto de 1830, el Gobernador de Damasco envió una orden escrita al Mufti de Jerusalén para implementar la orden del sultán. En 1841, Montefiori obtuvo una licencia de las autoridades turcas para reparar la Tumba de Rajel y agregar un cuarto, con lo que se mejoró su ruinoso estado.
Al iniciarse la intifada en 2000, los palestinos inventaron el argumento de que se trataba de “tierra islámica”. Los musulmanes subieron de nivel su retórica y dejaron de llamar al lugar “La cúpula de Rajel” como lo habían hecho por cientos de años, y empezaron a llamarlo Mezquita de Bilal ibn Rabah. El Wakf empezó a usar este nombre en 1996, y así el mismo quedó arraigado en la conciencia nacionalista palestina.
Bilal ibn Rabah, de origin etíope, es conocido en la historia islámica como un esclavo negro que servía en la casa del profeta Mahoma y estaba encargado de llamar a los musulmanes a rezar cinco veces al día, o sea, fue el primer muecín. A la muerte de Mahoma fue a pelear en Siria, murió en el año 642 d.C. y fue enterrado en Damasco. ¿Qué relación tiene con la Tumba de Rajel?
El primer primer ministro turco Erdogan, cuyo Gobierno ha sido descrito como “neo-otomano”. ha declarado que estos dos lugares “nunca fueron ni serán judíos, sino islámicos”. Con lo cual él mismo contradice decretos imperiales de las autoridades otomanas en Turquía. Somos testigos de cómo líderes que se consideran enemigos de Israel, se dan el lujo de distorsionar la historia para impulsar sus objetivos políticos.
Un caso parecido es el de la Cueva de los Patriarcas. A pesar de que en la Biblia se describe cómo Abraham compró la tierra para enterrar a su esposa Sara, éste lugar dejó de ser judío para convertirse en palestino. Pareciese que el pueblo de Israel no tiene ninguna relación con las tumbas bíblicas de sus patriarcas Abraham, Isaac y Iaacov y sus matriarcas Sara, Rivka, Rajel y Lea.
Jordania propuso a la UNESCO incluir la Ciudad Vieja de Jerusalén entre los Patrimonios a la Humanidad, en virtud de que ahí se encuentra la Mezquita de El Aksa. Pero el caso de Jerusalén ha sido evitado de manera especial puesto que los lugares sagrados de las tres religiones monoteístas: cristianismo, judaísmo e Islam están situadas en esa pequeña superficie: el Santo Sepulcro, el Muro Occidental y la Mezquita de El-Aksa.
La deslegitimación de los lugares sagrados judíos ya no tiene que ver solamente con la UNESCO; también la Autoridad Palestina ha publicado recientemente un estudio en el cual asevera que el Muro Occidental (llamado de los Lamentos) es musulmán puesto que es una parte integral de la Mezquita de El-Aksa y del Haram al-Sharif (Noble Santuario), que es el término islámico para el complejo del Monte del Templo. Ya en el pasado, también Iaser Arafat aseguró a Clinton que nunca hubo un templo judío en esa área. El nuevo documento asegura que el Muro Occidental o el Muro Al-Buraq constituye propiedad del Wakf, y que se sabe que ni una sola piedra pertenece al tiempo del rey Salomón. Se agrega que los judíos nunca usaron el lugar para rezar hasta la Declaración Balfour en 1917.
En el “estudio” se enfatiza que “este muro nunca fue parte del Monte del Templo pero la tolerancia musulmana permitió a los judíos rezar frente a él y llorar su destrucción”.
El Muro de los Lamentos es el lugar más sagrado para los judíos en virtud de que se trata de una muralla musulmana y parte integral de la Mezquita El-Aksa y de Haram al Sharif; ningún “árabe o musulmán tiene derecho de renunciar a una sola piedra del Muro de El-Buraq, que es el lugar donde Mahoma amarró su caballo”.
Esto significa la total negación de los derechos judíos a Jerusalén, puesto que en ese caso no hay en la ciudad ningún lugar sagrado. El hecho de que tanto en estudios arqueológicos, como en el libro más difundido en el mundo, la Biblia, estipulen su pertenencia a la historia judía, no es válido en la retórica palestina. Jerusalén, íntimamente relacionada al pueblo judío, está mencionada 80 veces en la Biblia y ni una sola en el Corán. Pero nada es válido cuando se trata de situaciones políticas que no sabemos adonde, finalmente, nos llevarán.
Las relaciones entre UNESCO y el Estado de Israel
04/Feb/2011
Aurora, Tzila Chelminsky